viernes, 17 de julio de 2015

III

Un guiño

Me he precipitado en un instante sumamente efímero en el ocaso de tus ojos. Maldita, me embrujas: ¡Que esa noche clandestina y perenne venga a mí, sin melancolías ni tristezas! ¡Que ese cielo estrellado que tu gobiernas cubra todos mis momentos, y si tu alegría no me puede iluminar los días, llórame la lluvia de palabras dulces!

Y así, tal como vino, se fue. Y así, me sigue flotando el recuerdo caprichoso, pululando a mi alrededor, como la niebla fina un día de otoño.

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