lunes, 15 de febrero de 2016

XVII

Siento hoy mi espíritu más elevado de lo normal, serenamente emocionado, como si mi alma estuviera compuesta de filamentos finísimos que han permanecido inertes, aletargados durante mucho tiempo y que ahora, caprichosamente, han resurgido en su hacer y su querer. Casi cualquier cosa me emociona sobremanera y me arranca de la aparentemente apacible paz en la que andaba sumergido. Mis sentidos se excitan con la mera contemplación del cielo azul y la luz del sol, con el silencio, con la brisa fresca de la mañana, con los adoquines de la calle y la mundanidad de las cosas cotidianasmis deseos arden con el simple recuerdo de tu carne. Tan solo necesito sentarme y evocar en mis pensamientos el simple movimiento para sentir en mi piel y en mi corazón la pura sensación de velocidad. Hoy me he vuelto hipersensible al mundo y sus fenómenos. Todo en mí son cuerdas que responden y vibran ante todo. Estoy abierto a toda sensibilidad y eso me violenta y me agita, como se agitan y rasgan las cuerdas del violín que agarra la muerte cuando interpreta su danza macabra. Tan solo en esta irremediable agitación de mi alma, en este arrojo de mi ser al caótico e inexorable paso del devenir, he hallado realmente una verdadera reconciliación conmigo mismo.

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