viernes, 18 de diciembre de 2015

XIII

Incertidumbre

Lo que más me asusta del mundo es la tremenda incertidumbre que de todo se me deriva, como una duda cartesiana que se extiende sin descanso, convulsionándose lentamente hacia el hastío. La realidad, lo que es tan claro, tan sólido, tan cambiante pero extrañamente permanente, de pronto, muy levemente se agita. No pierde sus cualidades en ninguna medida, pero se aparece la idea del vacío, de la nada. Lo real es, y sigue siendo; las cosas son. Ahora bien, ¿qué hace que las cosas sean? Podríamos reformular la pregunta de varias formas, pero pronto el propio lenguaje terminaría por agotarse. A esta pregunta Heidegger me responde*: el ser. ¿Qué es el ser? Es un concepto demasiado abstracto como para que podamos definirlo de algún modo funcional. De hecho, la propia pregunta ya nos lleva por un camino errado. Preguntar por el ser es preguntar por algo, es coger al ser y volverlo cosa, volverlo ente. Lo coges y ya no es más ser. Lo expresas y ya no es más ser. Lo piensas y ya no es más ser. Cada vez que intentamos acceder a él fallamos; siempre intentamos encajarlo en nuestra metafísica, en nuestra razón, en nuestra lógica, siempre lo volvemos cosa. Hay vértigo, mucho vértigo. Hacia lo particular hay mucho camino; una cosa puede ser, pues eso, cualquier cosa: una mesa, una persona, un rayo, una caricia, un sueño... Y cada cosa tiene sus cosas. Incluso la misma palabra se sirve eficientemente de sí misma para expresarse con una suficiencia propia de su misma esencia. Sin embargo, cuando tiramos hacia abajo nos quedamos en la cosa, en lo que es. El fundamento más básico, la partícula más elemental de la realidad, para expresarlo de una forma más física. Intentamos bajar más allá pero no podemos. Se aparece un abismo entonces entre el ente, la cosa en su "más elemental cosidad" y el ser, aquello que la hace ser. Hay algo más allá, pero en medio un abismo. La realidad, de pronto, como que no cierra. La certidumbre, de pronto, como que se vuelve incierta. De hecho, ni siquiera puedo estar seguro de que haya algo más allá de la propia cosa…
Ante este nuevo escenario, tengo dos opciones de cómo inclinar mi actitud: cojo todo este vértigo, esta angustia, este miedo, este sopor, este tedio por la existencia que me provoca esta imposibilidad de ir más allá, la acepto y la resignifico; o bien, me refugio en la cotidianidad de las cosas, me sostengo en ellas, aunque realmente ellas se asientan firmemente sobre el abismo del que antes hablábamos. Nada puede acceder a su propio ser, es pero se me aparece ahora más bien como una posibilidad que está siendo que como un ente "metafísicamente sólido", un ente “cerrado”.

*Entendido como mi propia interpretación de El ser y el tiempo.

Puede ser que continúe, puede ser que no. Puede ser la última entrada del año, o tal vez no. Espero que a nadie le importe, tampoco.

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